Mi Casita de Adobe

octubre 13, 2007 at 9:43 pm (General)

Como explicar la paz que esa casita me daba…

Volví después de algún tiempo, cumplí la sentencia de un juez inexperto que sin saber razones me otorgo.

No había mucho que decir, ni mucho menos a quien, solo observaba bajo una fina lluvia que me hacia recordar lo que alguna vez llegue a ser.

Me senté bajo un árbol para cubrirme un poco de la lluvia (que en ese momento era lo que menos importaba). Recordaba diluida en la oscuridad y poco a poco sentí como la noche crecía y se volvía inmensa, y yo… no quitaba la vista de esa casia; como hubiera querido detener a tiempo y para siempre esa imagen en mi cabeza.

Mi memoria no descansaba, trabaja a marchas forzadas, reconstruía los castillos, revivía a los dragones, volví a sentir el placer de ser una niña que absorbía fascinada los cuentos de hadas que mi abuela me contaba.

Todo era tan mágico y hermoso esa casita era como una cajita de sueños y sorpresas; es imposible olvidar el jardín que con paciencia y amor mi abuelo construyo. El decía que al pasar de los años el rostro se arruga, el cabello se blanquea y te vas quedando solo, y en su mirada mojada se transfiguraba su hermoso y doloroso pasado.

Pero a pesar de la soledad que compartía con mi abuela, tenia un fiel y eterna compañía… Sus plantas, sus árboles, su paciencia para esperar que crecieran, era increíble la cantidad de flores que había en su jardín cada una con su nombre… Rubí, Gema, Esmeralda… todas con cuidados especiales que mi viejo les daba.

Cada tarde cuando las regaba, les hablaba como si de verdad le entendieran ¿Cuántas cosas les habrá contando? ¿Cuántos secretos ocultara cada flor, cada planta? Tantas veces trate de sobornarles para que me contasen sus secretos pero le era tan leales que se negaban a hablar.

No me quería ir, era tan mágico volver a recordar todo lo que alguna vez fui; no sabía si alguien habitaba mi casita de adobe, pero se veía igual me asome al corredor, me quede sin habla, sin aliento, ahí… ahí seguían aquellos dos sillones viejos y polvosos donde los viejos veían morir sus tardes. Mi abuelo devorando libros y mi abuela con sus inseparables agujas, con las que nos tejió infinidad de cosas…

Disfrute ese momento como nada en la vida, como se disfruta un buen vino, como se disfruta lo que te hace revivir aún en la soledad.

No he vuelto a pasar esa casita, pero si alguna vez el destino decide que lo vuelva hacer, intentare arrancar una flor, que aunque toda la vida callara, será suficiente con mirarla y descubrir que tuve como abuelos a dos seres increíbles.

Laura.

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1 comentario

  1. Silverio said,

    Hermoso relato de recuerdos, nostalgia, de bellos pasajes de cuando eras niña.

    Has conseguido que yo tambien recordara mis momentos con mis abuelos, en verano, en su casa de campo.

    Nunca se fueron pues viven en nuestros corazones.

    Silver

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